Allegro ma non troppo

Este no es solamente el relato de un actor. Es un homenaje a los acomodadores, al poder de la música y al optimismo como impulso para un cambio.

PASO DE PEATONES AUDI (c) Rau García

Sobre mi (otro) trabajo.

Por Rau García.

Cuando era pequeño, antes de irme a la cama, iba a la habitación donde mi padre tiene una gran colección de discos en CD y en vinilo. Elegía al azar un par de discos de música clásica, los ponía en un reproductor de compac disc y me acostaba escuchándolos con auriculares hasta que me dormía. El ejercicio que me proponía era no leer el título de las obras que iba a escuchar para ser libre de imaginar lo que la música me inspiraba. Si sabía el título (por ejemplo, ‘Música para los Reales Fuegos Artificiales’ de Haendel, o ‘Las cuatro estaciones’ de Vivaldi), seguramente me inventaría una historia a partir de eso, y yo lo que buscaba era partir de cero.

Cuando voy a un museo intento hacer lo mismo: primero observo la obra para dejar que me transmita y luego ya amplío información, porque, por ejemplo, si vemos un cuadro surrealista habiendo leído previamente: ‘Libélula de alas rojas persiguiendo a una serpiente que se desliza en espiral hacia estrella cometa’ de Miró, vamos a ver eso y no las infinitas posibilidades que puede crear nuestra mente a partir de esas formas y colores. Aunque hay casos en los que es interesante saber previamente algunos datos como el contexto histórico en que se creó la obra y lo que quería conseguir el artista, etc., para ya desde un primer momento ir más allá de lo que se ve superficialmente.

También pasa con la literatura. Si en la portada de una novela o en las páginas interiores se ilustra a los personajes protagoistas, los paisajes o algún objeto que tenga especial importancia, nos lo vamos a imaginar así. No me parece mal dar alguna pista, porque si la novela es buena seguirá habiendo espacio para la imaginación, pero yo intento evitar lo visualmente explícito, a no ser que tenga una justificación o sean novelas gráficas. Y ya si la novela ha sido llevada al cine y en la portada ponen directamente el cartel de la película, con una foto de los actores y demás, apaga y vámonos.

Pero volviendo a la historia de cuando era pequeño; como me quedaba dormido mientras escuchaba la música y cuando terminaba el disco volvía a empezar (solía darle al botón de reproducción en bucle), esto me facilitaba soñar. Sueños con banda sonora que eran interrumpidos cuando la propia música me despertaba a mitad de la noche. Cuando comprobé que la música clásica tiene el poder de transportarnos a otros lugares, a otras épocas, o a un estado donde no hay espacio ni tiempo, y de provocarnos sentimientos que no sabía que existían, fue todo un descubrimiento para mí.
Quién me iba a decir que años más tarde iba a tener la suerte de trabajar en un lugar donde prácticamente todos los días puedo hacer una de las cosas que más me gustan: escuchar música en directo, pues soy acomodador en el Auditorio Nacional de Música.

ESCALANDO EL AUDITORIO (c) Rau García
“Alpinistas” escalando el Auditorio.

Es un trabajo tan indirectamente relacionado con mi profesión que, estando en un contexto artístico, casi es lo más opuesto que puedo estar de mi sitio, que es encima o detrás del escenario o de la pantalla, porque acomodar al público no tiene nada que ver con la creación, por mucho “arte” que le ponga. Mi trabajo es lo más alejado de los protagonistas, que son los compositores, los directores y los músicos, sin embargo, me siento afortunado porque, además de disfrutar de conciertos extraordinarios (no solamente de música clásica, también de jazz, flamenco, etc.), estoy aprendiendo cosas que también son útiles para mi profesión. Pero digamos que en esta clase no participo activamente, solo soy oyente.

ACOMODAR, SÍ, PERO SIN ACOMODARME
A veces, durante los conciertos, sentado en mi silla detrás del público, me pregunto si estaré distanciándome de mi lugar. Pero cuando decidí ser actor ya sabía que muy probablemente, de vez en cuando, iba a tener que intercalar un escenario laboral artístico con otro puramente alimenticio. Sabía que me enfrentaba a un estilo de vida un poco arriesgado, pero estaba preparado, y lo sigo estando. Lo que no sabía es que me iba a enfrentar a duras preguntas como ésta: ¿estoy aquí porque no he estudiado/trabajado lo suficiente o porque no tengo talento?

ECLIPSE TOTAL (c) Rau García

¿Y no se pueden dar las dos cosas juntas: un trabajo artístico que dé de comer y pague las facturas? Es decir, ¿no es posible prescindir hoy de trabajar en otras cosas que no sean expresamente de aquello para lo que nos hemos formado? Por supuesto, pero en esto hay rachas buenas y otras menos buenas, depende de muchos factores. Y el sector en el que más me muevo desde que empecé, el de la publicidad, según mi experiencia personal, funciona bastante de esta manera.

Según un estudio sociológico de AISGE, el 72% de los actores españoles no pueden vivir de su trabajo. Fue realizado en 2014, pero hoy, aunque se nota una pequeña mejora en cuanto a oportunidades para conseguir trabajo, en muchos casos se siguen arrastrando las mismas condiciones salariales que entonces, al menos en el mundo de la publicidad, que es el que más conozco. En estos momentos, por ejemplo, yo mismo no estoy pasando por un buen momento laboral, por eso he recurrido a buscar otro empleo que pueda compatibilizar con mis proyectos. Y aunque esta etapa no es precisamente la mejor de mi vida, me está sirviendo para evolucionar.

AUDITORIO OK 2 (c) Rau García

Por otro lado, hace un año decidí no continuar en la productora/distribuidora de cine en la que puse mi granito de arena desde su fundación hace ahora 5 años. Todo fue positivo, pero decidí dar un paso atrás. A veces hay que retroceder para avanzar y en este punto me encuentro, cogiendo carrerilla. También he rechazado algún trabajo en el que me iban a pagar un sueldo muy atractivo, que incluso estaba relacionado lejanamente con lo mío, pero ahí sí que iba a distanciarme de mis objetivos artísticos y profesionales, porque todo mi tiempo lo iba a dedicar a ganar ese dinero y no quiero que aquello que más me gusta en esta vida pase a un segundo plano (si me lo puedo permitir, claro). Y por si no me lo estuviera poniendo suficientemente difícil, hace unos años tomé la decisión de no hacer anuncios para algunas marcas (antes aceptaba cualquier cosa, solo rechazaba los de partidos políticos con los que no me sintiera representado). Sé que así me cierro puertas, que estoy perdiendo oportunidades, y dinero, pero al menos tengo la conciencia tranquila, en parte. También intento evitar presentarme a castings de publicidad en los que paguen demasiado poco, un problema que desde la crisis nos afecta a los actores y actrices que trabajamos en este sector.

Pincha aquí para ver un vídeo en el que, por cierto, aparezco unos segundos de fondo junto a la actriz Rebeca Sala, donde mi compañera explica muy bien nuestro día a día.

De acomodador no se gana mucho, la verdad (por suerte cuento con la ayuda de mis padres cuando me veo agobiado), pero es un trabajo estable que me da flexibilidad si necesito un día entero para rodar algo, por ejemplo, y me deja tiempo libre para mis proyectos cinematográficos, teatrales, literarios y musicales. No es el trabajo de mis sueños, pero me hace soñar (y paga el alquiler). Soñar igual que cuando era pequeño y me quedaba dormido escuchando música clásica. Espero que esto no sea el Réquiem de un actor…

ATRIL AUDITORIO (c) Rau García
Partitura para trompa de ‘Misa de Réquiem’ de Giuseppe Verdi.

EL OFICIO DE ACOMODADOR
He tenido muchos trabajos de cara al público y éste es sin duda es el más bonito. Si estuviera mejor remunerado ya sería fenomenal pero, afortunadamente, a veces el público es generoso cuando se le acompaña a su butaca y se le da el programa de mano (“el prospecto” les gusta llamarlo a algunos), como cuando los botones de hoteles de lujo llevan las maletas a las habitaciones de los huéspedes. Una tradición que cada vez va a menos, pero muchas personas continuan practicándola, no sé si siendo conscientes o no de que esa pequeña aportación voluntaria nos ayuda bastante.
Este tipo concreto de personal es una profesión que se ha ido perdiendo (en los cines, por ejemplo, está en peligro de extinción), y con la crisis se ha prescindido de ella, y se ha descuidado, en muchos sitios. En el Auditorio Nacional, con pequeños recortes, se sigue manteniendo, y es que aquí, como en tantos otros teatros, circos, museos, etc., de las grandes ciudades, los auxiliares de sala son imprescindibles, por muchos motivos.

Trabajar en un lugar al que la gente viene a disfrutar de esta música en su tiempo de ocio es muy curioso. Cuando falta poco para que empiece el concierto y aún no se puede entrar a la sala, hay una excitación en el ambiente y nosotros somos los guardianes del templo de la música. Nuestros elegantes uniformes y nuestra forma atenta y educada de dirigirnos al público forman parte de ese ambiente.

Los niños, por ejemplo, cuando vienen al Auditorio y nos ven, se ponen firmes de repente, o tímidos, según (les impresiona que les tratemos de usted), y nos dan las buenas tardes, incluso los más atrevidos nos estrechan la mano, como lo hacen los adultos. Intuyen que tras la puerta que custodiamos les espera algo muy especial, y no se equivocan. Qué pena que cuando se hacen un poco más mayores muchos renieguen de esta música, que por otro lado consumen y disfrutan en películas, videojuegos, anuncios…

CÁMARA AUDITORIO (c) Rau García
Rodando la serie ‘Los acomodadores’. Es broma, pero si algún productor/a ve potencial, me ofrezco como guionista y para protagonizarla 😉

Existen unas reglas que no todo el público conoce, solo los más asiduos: como que si se llega tarde no se puede entrar hasta que aplaudan (y eso puede significar perderse una parte, incluso el concierto entero), que no se debe aplaudir entre movimientos de una misma obra, que cuando suena el tercer ding-dong tras el descanso hay que volver a entrar, que no se debe grabar o hacer fotografías (y menos con flash) a no ser que la orquesta lo permita o que se trate de un bis o de una propina, que no se permite entrar con comida ni bebida, y que las mochilas, cascos de moto, etc., hay que dejarlos en el guardarropa. Pero que no cunda el pánico; para recordar todas estas cosas estamos nosotros. Sin embargo, los abonados, por lo general, conocen todas estas reglas y, además, al venir con tanta frecuencia, establecemos una relación cordial con ellos y solo con mirarles a los ojos ya sabemos lo que necesitan.

AUDITARDE (c) Rau García
La gente que llega tarde y tiene que esperar mucho tiempo hasta poder entrar, puede seguir el concierto desde aquí. Yo lo llamo el “Auditarde”.

Hablando de ojos, es bonito ver cómo el público los cierra para concentrarse en agudizar el oído, cómo se les salta una lágrima. Ver cómo están presentes, pero a la vez muy lejos de allí cuando se dejan llevar por la música. Fijarse en cómo mueven sus dedos imaginando que tocan uno de los instrumentos, o en cómo mueven las manos cual director de orquesta, unos discretamente, otros llamando la atención. Escuchar las primeras impresiones que comparten con nosotros al salir del concierto todavía conmocionados, como: “¡Ha sido magnífico!”, “¡Qué maravilla!” o “¡Es que te eleva el espíritu!”.

Pero también nos manifiestan sus impresiones negativas con comentarios como el que me soltó el otro día una señora indignadísima mientras abandonaba la sala a los 15 minutos de haber empezado (fue tras escuchar una obra de un autor contemporáneo): “Qué porquería… ¿Esto es música? ¡Son unos sinvergüenzas!”. En fin. Sobre una de las frases positivas quiero detenerme, pues yo también he sentido esto. Es difícil de explicar con palabras, pero lo intentaré.

Ciclo Redenciones Auditorio
Una página del avance del ciclo ‘Redenciones’ (temporada 16/17) de la Orquesta y Coro Nacionales de España.

ELEVACIÓN DEL ESPÍRITU
Solo ocurre cuando la belleza de la música, o de otras artes, es en tal grado que te colma de una emoción que no cabe en el pecho, así que ésta sale de nuestro cuerpo provocándonos un intenso escalofrío. A esa emoción tan fuerte, que nos embelesa y nos pone la piel de gallina, yo la identifico con el alma (pero al margen de un sentimiento religioso, como al que se refiere Chopin, que también puede darse). Al estremecernos tanto, sale de nuestro físico, se eleva un poco y se mantiene suspendida en el aire, como si fuese una cometa conectada a nuestro pecho con un hilo. La sensación es muy extraña, pero placentera (siempre que no llegue a ser diagnosticada como el síndrome de Stendhal). Es como si estuviéramos levitando, pero sin dejar de tener los pies en el suelo.

Una señora mayor me llegó a decir que escuchando a Bethoveen en el Auditorio no solamente se le olvidaban los problemas, también los dolores. El poder de la música es inmenso, y en directo aún más. Además, cuando nos sumergimos profundamente en ella, podemos descubrir cosas muy personales que no se pueden alcanzar de otra forma (no, tampoco a través de las drogas…), porque la música puede acceder a rincones poco explorados de nuestra mente a un nivel superior, y así conocernos mejor a nosotros mismos.

Esto a nivel individual, pero cuando mucha gente siente lo mismo dentro del Auditorio se produce algo mágico. Todas esas almas humanas se mezclan con la de la obra músical, que es la del compositor que escribió esas notas y los músicos que la están interpretando, y esto se puede percibir en la atmósfera, más pesada de lo habitual. Sobre esta sensación de “éxtasis” se han referido genios como precisamente Bethoveen o Paco de Lucía, entre otros muchos. Es algo que el público experimenta cuando se dan una serie de condiciones (silencio absoluto en la sala y concentración, una interpretación sublime, etc.), pero los músicos lo experimentan aún con más frecuencia ya que al tocar las obras, si además de técnica ponen sentimiento, entran en una especie de estado de trance consciente.

Algunas de las obras con las que he podido experimentar esto en el Auditorio Nacional han sido las siguientes:

 - Sinfonía nº6 en Si menor, Op. 74 'Patética', de Piotr Ilich Chaikovski.
 - Sinfonía nº2 en Do menor 'Resurrección', de Gustav Mahler.
 - Misa de Réquiem en Re menor, K 626, de Wolfgang Amadeus Mozart.
 - 'Scheherezade', de Nikolai Rimski-Korsakov.
 - 9ª Sinfonía en Re menor, Op. 125, 'Coral', de Ludwig van Beethoven.
 - Suite de 'El pájaro de fuego', de Ígor Stravinsky.

Y después de esto pensaréis que estoy loco. En absoluto. ¡Arre unicornio!

OVNIS EN EL AUDITORIO (c) Rau García
A veces, las lámparas del Auditorio me recuerdan a unos platillos, como los que hay en la sección de percusión de las orquestas. Otras, a los platillos volantes de la película ‘Plan 9 From Outer Space’, de Ed Wood.

LECCIONES
Retomando el tema de la relación entre acomodador y el público que comentaba antes, no todo es acomodar y “cantar”. A veces ocurren cosas inesperadas y algunas personas del público sacan su carácter, pero nosotros estamos ahí para resolver los problemas y aguantar el chaparrón. Normalmente son casos sin gravedad que en el fondo luego hasta me divierten, aunque en el momento se pasa mal. Además, el estar en contacto con tanta gente en un entorno así proporciona un material, con todos mis respetos, tremendamente inspirador para un creador. Así que no estoy perdiendo el tiempo. Este trabajo para ir tirando, en el fondo no es solo para sobrevivir. Como dice uno de mis compañeros: “es parte de mi aprendizaje”.

ESTATUA AUDITORIO (c) Rau García
Foto: Sergio G.

Aprendo, por ejemplo, de mis compañeros, con los que comparto muchos ratos de conversaciones. Algunos de ellos son músicos, incluso alguna vez tocan en el Auditorio, así que podemos charlar sobre música y me descubren cosas muy interesantes en las que luego profundizo por mi cuenta. También tengo colegas de gremio (un actor y una directora/dramaturga/actriz), un periodista, una química, un botánico, estudiantes de musicología, psicología, economía, otros se están preparando oposiciones, hay de todo. Aprendo del público, de los directores, de los músicos… Aprendo de la música en cada concierto. Aprendo a base de observar y escuchar. Todos los días, por muy rutinarios que sean, intento aprender algo.

Rau Skywalker y R2D2 II
Rau Skywalker y R2D2.

EL PÚBLICO JOVEN
Para terminar, quiero animar a los jóvenes a que vengáis al Auditorio Nacional, no solamente a los conciertos más comerciales, como los de bandas sonoras de películas, por ejemplo (que están muy bien, eh), sino también a otro tipo de conciertos. Una cosa no es icompatible con la otra, un día puede apeteceros música clásica y al día siguiente trap o heavy metal.
Varias personas del público me han comentado, al ver que predomina la gente mayor, que echan de menos a un público más joven. Coinciden en que es una lástima y no saben si es que no se hace suficiente publicidad (o ésta no va enfocada a ellos) o se debe a que los jovenes de hoy tengan gustos diferentes. Pero la música no entiende de edades, así que, millennials, ¡no sabéis lo que os perdéis!
Yo les respondo que estoy seguro de que a muchos jóvenes les encantaría este mundo, pero no lo conocen, tienen una idea equivocada, les resulta lejano, aburrido… Habría que buscar una forma para despertar su curiosidad (que la tienen, pero dormida) para que incluyeran entre sus planes de ocio ir a un concierto al Auditorio, igual que van a visitar museos, o van al cine, al teatro o a conciertos de otro tipo. Puedo comprender que a un adolescente o a alguien que no está habituado a este tipo de música pueda darle un poco de pereza, al principio, ir a un concierto de Barroco, por ejemplo, pero hacedme caso: dadle una oportunidad. Hay otros ritmos, otros instrumentos, otros sonidos, otras melodías, otras sensibilidades, otras temáticas, otros estilos y hay música de siglos pasados que sigue siendo más moderna que mucho de lo que se hace en la actualidad. Y lo que no es moderno también es interesante, por su pureza y la historia fascinante que hay detrás de cada composición.
Por eso, jóvenes y no tan jóvenes: ¡aprovechadlo! Además, los menores de 30 años podéis conseguir entradas por solo 1 € para los conciertos de los viernes y sábados de la Orquesta Nacional de España (Ciclo Sinfónico y Satélite) comprándolas en taquilla desde 30 minutos antes del comienzo (siempre que queden entradas disponibles).

Nos vemos en el Auditorio (c) Rau García
¡Nos vemos en el Auditorio!
*Todas las fotografías son de Rau García,
excepto una cuyo autor está indicado.

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