Esto es lo que va a pasar dentro de tu estómago esta Navidad…

¿Te has preguntado alguna vez qué pasa en nuestro aparato digestivo cuando, después de una copiosa cena navideña, ingieres un último dulce? Ése que hubieras deseado no comer pero, maldita sea, ¡no te resististe! En este videoclip puedes ver y escuchar qué ocurre realmente en nuestro interior cuando comemos, en este caso, un Ferrero Rocher. A continuación lo cuento en un relato que en el fondo trata sobre los estúpidos excesos y la abundancia desmedida de estas fechas señaladas. Que aproveche.

Por Rau García.

Después de haber comido de todo en cantidades casi industriales toca sacar la bandeja de los turrones, polvorones, mazapanes, fruta escarchada, almendras garrapiñadas y otros manjares de temporada. Normalmente no sueles cenar mucho, pero hoy has cenado por todos esos días que no lo hiciste como Dios manda. Sí, has comido y bebido como si no hubiese un mañana y sin dejar hueco para el postre, pero en realidad siempre hay espacio para el irresistible y sagrado postre. Ya no tienes hambre, es pura gula, y lo sabes. Igual que sabes que si comes una cosa más, aunque sea una uva, vas a reventar, y mañana, o dentro de unas horas, tendrás que vértelas con tu esfínter, pero… ¡a la mierda!, es el sabor de la Navidad, ya nos cuidaremos después de Reyes. “Un día es un día”, te dices, pero llevas varios días a este nivel de glotonería.

De entre todas las opciones te ha llamado la atención, por su atractivo envoltorio, un Ferrero Rocher que te susurra: “¡CO-ME-ME!”. Al quitarle el envoltorio, que parece un flamante vestido ideal para dar las campanadas, te sientes como si estuvieras desnudándole… Has leído bien, como si le estuvieras bajando la cremallera de la espalda a un bombón, y te sientes gilipollas. Ahora que ves su aspecto sin envoltorio ya no parece una gran pepita de oro sexy, ahora recuerda a un meteorito. Pero empiezas a segregar saliva y te lo metes en la boca, lo justo para morderlo un poquito, que cruja, y ver la avellana que esconde en su interior esta albondiga de chocolate. Vas triturándolo con tus dientes mientras tragas ayudándote con un trago generoso de champagne, y toda esa papilla va cayendo por el esófago al volcán activo, efervescente, que es tu estómago en estos momentos.

De repente sientes un retortijón que a tu alrededor nadie ha percibido, pero para ti es como un terremoto interno. Te viene a la mente una escena de En busca del arca perdida y te imaginas en el papel de Indiana Jones huyendo de un Ferrero Rocher gigante. A todo el mundo le está ocurriendo lo mismo que a ti, todos esos alimentos y mezcla de alcoholes están bailando ‘La Macarena’ y el ‘Harlem Shake’ en el interior de vuestro cuerpo, es la peculiar manera que tiene el organismo de pedir auxilio, pero tratáis de poner una “expresión de buen gusto” (es el eslogan de los bombones) y decir cosas, intentando que suenen sinceras, como: “Delicioso”, “con Rocher nos ha conquistado realmente”, “la fiesta es un éxito”, “excelente”… Todo va bien hasta que los gases os empiezan a delatar, pues no son demasiado sonoros, pero sí bastante olorosos. ¡Tierra trágame!”, suplicas. Y los váteres averiados, al parecer las tuberías se han atrancado. Pero allí seguís, manteniendo esa sonrisa forzada en la que se intuye vergüenza y asco, y a pesar de la indisposición, como en El Ángel exterminador, de Luis Buñuel, de allí no se va nadie. En estos anuncios se puede apreciar claramente todo lo que estoy contando:

En definitiva, si te comes un Ferrero Rocher cuando tu aparato digestivo está diciendo: “¡BASTA!”, con suerte te teletransportarás a la fiesta de Isabel Preysler y Luis Miguel, o al plató donde se está grabando una gala de noche vieja de los años 80. Ya sea en una mansión llena de millonarios y un mayordomo que parece uno de los enemigos de James Bond, o en unos estudios de televisión de Alemania donde un grupo con un look muy de la movida madrileña toca en playback con instrumentos eléctricos sin enchufar, tú lo vivirás como si estuvieras entre los invitados o entre el público, pero en realidad la “fiesta” estará pasando dentro de tu estómago.

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