Contemplad y seréis contemplados

Rotterdam 1_Rau García
*Fotos (en color) y texto de Rau García.
Niños contemplando a una gaviota que contempla a una avioneta cuyos pasajeros contemplan a esos niños que están en el patio de un colegio en modo contemplativo. Todo ello es a su vez contemplado por un turista desde el suelo cuya fotografía será contemplada por el mundo cuando la comparta en las redes de la contemplación social en las que esos niños, la gaviota y los pasajeros de la avioneta podrán contemplarse a sí mismos y recordar ese día en el que, por un instante, se olvidaron de que estaban siendo contemplados mientras contemplaban.

*Esta foto del Jan Prins School y del Willibrordschool fue tomada en Rotterdam en agosto de 2017 al lado del Markthal, que es como un ojo de cíclope gigante que contempla a la ciudad, que a su vez es contemplado por la ciudad y sus millones de ojos. A su lado tendrás el tamaño de una legaña, pero si entras, con un poco de imaginación, podrás ver a través de su córnea.

Rotterdam 2_Rau García

Esta pieza tenía que terminar aquí, iba a ser algo breve, una imagen y una idea, punto, pero... voy a aprovechar para compartir unas neuronas en voz alta.
Rotterdam 1940
Rotterdam en 1940. Autor desconocido.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Rotterdam quedó destruida casi por completo. La imagen es escalofriante. El mundo supo entonces que una gran ciudad podía borrarse del mapa en poco tiempo. Pero la “ciudad fenix” resurgió de sus cenizas. Hoy, los edificios más singulares de la ciudad de Erasmo, por cierto, pacifista, parecen dialogar entre ellos, y contigo, pero no hablan con rencor. Es una arquitectura parlante que mira hacia delante, que parece estar de un divertido buen humor y te recibe con los brazos abiertos y una sonrisa vacilona.

Rotterdam 3_Rau García

Coche Rotterdam 1y2 (c) Rau García

A pesar de ser una ciudad relativamente nueva, Rotterdam ha conseguido recuperar parte de su personalidad (pues su esencia quedó muy dañada tras la guerra), pero con un estilo entre industrial y ciudad financiera. Perderse hoy entre las calles y canales para ver el paisaje en el que se mezclan los edificios más modernos con los mástiles de los barcos, o ver cómo maniobra y parte un transanlántico del puerto más grande de Europa mientras todos los que están abordo se despiden de ti cariñosamente con la mano como si fueras un familiar suyo, es un espectáculo. Pero es inevitable, y necesario, pensar que el suelo que pisas y todo lo que ves a tu alrededor, un día fue arrasado por un bombardeo y el azote constante de la guerra ante la que Rotterdam tuvo que rendirse.

Estas ciudades reconstruidas casi desde la nada deberían servir de ejemplo para que la Historia no se vuelva a repetir, en ningún país del mundo, para aprender de los errores del pasado, pero en la actualidad seguimos viendo cómo otras ciudades son aniquiladas cruelmente, con saña, por unos y por otros, quedando reducidas a polvo, o bien son heridas de gravedad con ataques en lugares concretos en los que siempre mueren civiles inocentes. Los motivos: ideológicos, intereses comerciales, territoriales, pero esto no te lo contarán los gobiernos ni muchos medios de comunicación.

Los cimientos de las ciudades (me da igual que suene cursi) deben contener amor en grandes cantidades, respeto, tolerancia, empatía, entendimiento, hospitalidad, solidaridad… Esto es mucho más poderoso que la demostración de fuerza de cualquier ejército, que cualquier muro, escudo anti-misiles o material a prueba de bombas y de otros desastres provocados por el Hombre.

–  Una de las exhibiciones más brutales de violencia feroz que el mundo ha visto nunca. Más de 30.000 hombres, mujeres y niños fueron asesinados en un lapso de 90 minutos, narra la voz en off de este documental de la época en el que se muestra el horror de aquella guerra cuyas consecuencias nos trae recuerdos de otras presentes.

En este viaje, y con todo lo que ha pasado siglos atrás y está pasando actualmente en el mundo, he llegado a la conlusión de que las vigas y los cimientos más resistentes de una ciudad, además del acero y del hormigón, son sobre todo sus habitantes, sin importar si han nacido allí o si son inmigrantes, refugiados, estudiantes de paso… Y he comprobado que, aunque parece que no aprendemos nunca, ni siquiera por las malas, en Rotterdam, por ejemplo, sus ciudadanos tienen estas cualidades y las ponen en prática con los desconocidos, sean de donde sean.

Ahora es nuestra responsabilidad educar a esos niños, a los de la fotografía de arriba del todo, en esos valores, en no responder con odio al odio. Y así lo está demostrando muchísima gente, incluso cuando han sido víctimas directas, dando una gran lección. Lo mismo ocurre con algunos países con políticas más conciliadoras, a diferencia de otros que tras ser duramente golpeados responden con la misma violencia por venganza (para lo que previamente buscan aliados) y cerrando sus fronteras. Por eso no solo debemos educar a la nuevas generaciones, también tenemos que intentar abrir la mente a los que ya tienen sus ideas hechas y derechas, y en ese debate constructivo, y probablemente desagradable, admitir que nosotros también podemos estar equivocados en cosas y desconocer otras, por supuesto. Pero no dejemos a nadie por el camino, no les demos por perdidos. Si practicamos esto, estoy casi seguro de que recogeremos lo que sembremos, pero tenemos que cuidarlo, ser pacientes y perseverantes.

El ojo del cíclope no vigila al forastero, vigila a sus colegas más cercanos para que la ciudad se comporte de esta forma. Porque ver la cruda realidad en las noticias no es suficiente, hay que observar con lupa lo que está ocurriendo desde todos los ángulos y, por doloroso que sea, antes de reaccionar en caliente y tomar una drástica decisión, hay que analizar los factores que han causado que lleguemos a esta trágica situación. Y en vez de agravar más el conflicto, tratar de reinstaurar la paz, empezando nosotros, individualmente, con pequeños gestos y actos cotidianos. Así, poco a poco, notaremos un cambio colectivo a mejor.

No nos atrincheremos en sentimientos envenenados, no hagamos de las ciudades guetos herméticos, así el racismo se blinda y se hace fuerte. Desgraciadamente siempre habrá conflictos y necesitamos seguridad, orden y justicia, pero hay diferentes formas de aplicarlas. Contemplemos y dejemos que nos contemplen dejando a un lado, por un momento, la política y la religión. Así nos daremos cuenta de que es mucho lo que nos acerca, lo que tenemos en común, y lo que podemos construir juntos. Y manifestémoslo para que el mensaje llegue a todos los rincones del mundo y cale en las personas. Ante una creciente y más compleja guerra fría que cada vez se extiende a más países gobernados por personajes que parecen salidos de una novela distópica, y el vértigo a una posible tercera guerra mundial, sumado al maltrato del ecosistema, que nos lo estamos cargando y los pronósticos para el futuro inmediato (y no digamos ya a largo plazo) son alarmantes, quizá sea el momento de un despertar general, de que resurja una especie de nuevo movimiento hippie, uno sólido y unido a nivel universal que nos ayude a reaccionar a todos. O, ¿qué más tiene qué ocurrir para que pasemos realmente a la acción, para que dejemos de arrastrarnos por la corriente? ¿Cuánta más hambre, desigualdad, injusticia, crueldad, etc., podemos soportar? Y estas preguntas me las hago a mí primero. Hay muchos que han reaccionado ya, hace mucho, y en ellos me fijo. Porque pienso que juntos podemos influir incluso en cosas que en apariencia no están en nuestra mano, pero, aunque suene contradictorio, sí dependen de nosotros.

PAZ

Reivindiquemos las ciudades como puntos de encuentro de diferentes culturas, con nuestras maravillosas diferencias y semejanzas, pero conviviendo juntos en armonía, aprendiendo los unos de los otros, y eso incluye, por supuesto, nuestras distintas maneras de entender la política y la religión. Convirtamos el miedo en una curiosidad positiva y sincera por el prójimo, intentando así contagiar nuestro amor, incluso al que lo ha perdido y solo piensa en destrucción o en la gloria, desde su punto de vista. No consintamos que los que tienen el poder o los que se expresan con actos violentos nos dividan.

Rotterdam 4_Rau García

No quiero pensar que esto es una utopía. Construyamos juntos las ciudades del presente y del mañana. Escuchémonos y contemplémonos con el corazón y con la mente abierta. Son tiempos convulsos, pero aún estamos a tiempo. We can work it out!

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