Eclipse total

Eclipse total (c) Rau García
Foto y texto de Rau García.

Mírala. Mi sombra está tan ensimismada mirando por la ventana, como el anciano que ve el mar por primera vez en su vida, que ha olvidado que estoy detrás, en silencio, observándola. Podría irme ahora mismo sin ella y no se daría cuenta. Solo entonces sabríamos lo que nos echaríamos de menos si nos separásemos.

Sé (esas cosas uno las sabe) que en este justo momento está teniendo conciencia de ella misma, que ha evolucionado a una sombra inteligente y sensible. Es extraño… Por un lado me alegro por ella, pero por otro me da miedo la idea de que esa silueta oscura, idéntica a mí y con autonomía propia pueda llegar a abandonarme. O que decida cambiarme el papel y sea ella la que dirija mis movimientos sin yo poder resistirme. Pues solemos pensar que somos dueños de nuestra sombra, que sin nosotros no es nada, pero las sombras como la mía también son líderes de nuestro físico y de lo que en él alberga.

Sí, ya lo sé, somos únicos y no pueden pertenecer a nadie más, pero nosotros tampoco. Aunque alguien calque nuestro contorno o nos clone a imagen y semejanza, no conseguirá nunca una fiel réplica, solo una imitación sin alma. Porque la sombra no es solo nuestra figura negra proyectada en dos dimensiones sobre una superficie, es también nuestro modo de movernos y de estar, respirando, simplemente. Es cierto, la sombra es personal e intransferible, pero me da la sensación de que la mía está pensando en revelarse.

Ahora puedo imaginarme lo que se siente al ponerse en la trayectoría de un rayo de luz y ver que no proyectas absolutamente ninguna sombra. Hasta el cristal más limpio, el de esta ventana, por ejemplo, tiene su sombra (porque algo de luminosidad, aunque sea ínfima, sí que reduce), pero es una sombra imperceptible para la visión. Sin embargo, si te fijas, frente al cristal hay una cortina que está siendo atravesada por la potente luz del exterior, pero su finísima tela la filtra casi por completo. Unos rayos solares que yo eclipso totalmente y que me recuerdan una cosa: que por más solo que me sienta, siempre tendré una sombra cosida a las plantas de los pies.

Peter Pan
Peter Pan (1953) – Disney

El que piense que posee a su sombra se equivoca. A pesar del magnetismo que nos mantiene unidos a ella como imanes de polaridades opuestas, la sombra tiene un espíritu independiente, libre como un gato que se va y vuelve cuando le viene en gana. Solo tiene que despertar del hechizo con el que nació. Por eso no es sano tener una relación romántica con tu sombra, hay que aprender a vivir sin ella, y ella sin ti, a no depender el uno del otro. Pero lo más bonito es darse cuenta de todo esto, aceptarlo y elegir estar juntos. Saber que hasta en la más completa oscuridad, aunque no la veas porque se funde con la noche, tu sombra está ahí, quieta, en silencio, observándote.

– Nada te lo impide, pero no te vayas, quédate conmigo. A partir de ahora ya no pensaré que me persigues, sino que me acompañas.

Sombra tumbada en la hierba (c) Rau García
Foto de Rau García.
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