Náufrago a la deriva

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Esta fotografía de Javier Eced acaba de incluirse en ‘Collares’, de Nicolás Estrada, un libro que recoge 400 nuevos diseños en joyería contemporánea, que ha publicado Promopress Editions. La pieza que llevo, hecha con el mineral howlita, es un diseño de Marta Coderque, quien encargó la realización de esta editorial. En ella se ve a un personaje con el que es fácil dejarse llevar por la imaginación e inventarse su historia, gracias también al excelente trabajo de maquillaje y peluquería de Adriana Robles. Pero esto no le quita protagonismo a la pieza que se está presentando, al contrario, potencia la carga simbólica y la saca de contexto, dándole una vida (de las muchas posibles) a esta joya cuyo magnetismo puede percibirse.

Ya que han pasado unos años desde que Eced disparó esta foto, voy a tomar distancia para contar lo que me transmite hoy, pero primero observadla vosotros para saber qué os sugiere.

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Es un retrato con mucha fuerza, agresiva en la iluminación, en los colores y en la caracterización, que para mí es la de un náufrago que lleva años perdido en una isla desierta en alguna parte del océano. Siempre he pensado que el collar, que seguramente haya pulido él mismo a mano, a golpes, tiene la forma de la isla en la que vive. Lo lleva al cuello, en parte como un amuleto, y en otra para recordarse a sí mismo dónde está, pues llevar tanto tiempo allí le hace confundirse y a veces olvida quién es y que tiene que seguir intentando regresar a casa. Pero ya casi se ha dado por vencido. Cada vez está más absorbido por su entorno, empieza a pensar que pertenece a aquella isla, y viéndole pienso que quizá la locura sea su forma de supervivencia. Algo así como el Coronel Kurtz, el personaje de Marlon Brando en Apocalypse Now, de Francis Ford Coppola, totalmente enajenado en la oscuridad de la selva, pero aquí no hay ninguna tribu indígena, solo la poderosa naturaleza a la que se enfrenta todos los días. En su mirada, y hasta en su piel sucia y en sus huesos, se puede adivinar un hambre caníbal y una personalidad mitad hombre, mitad animal salvaje. Sus ojeras revelan su miedo por quedarse dormido (a saber los peligros qué le acechan en esa extraña isla de energía oscura). Posiblemente ya no hable con un lenguaje inteligible y solo balbucee algunas palabras con la entonación de un gorila. Y en su mente está viviendo inimaginables torturas, como en la peor de las cárceles. Pero en esta foto (la de arriba del todo), Javier Eced ha conseguido captar un momento de paz en la lucha interior de este náufrago a la deriva. En las de abajo, sin embargo, le ha retratado en sus pesadillas.

Lo que no consigo deducir es de qué época es este personaje, algo que él mismo está olvidando, pues pensar en el pasado, en lo que ha perdido, le hace demasiado daño. En esta isla solo hay presente (el futuro es demasiado incierto como para pensar en ello), pero para él es como si ya no existiera el tiempo.

A continuación os dejo algunas fotos de la misma sesión, pero sin el collar.

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Fotografías: © Javier Eced

Iluminación: Carlos Pellicer

Maquillaje y peluquería: Adriana Robles

Modelo: Rau García

Coderque Jewels

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3 comentarios

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