Un Hovik en el corazón

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Por Rau García.

 

– “Nunca se sabe cómo empieza una historia, nunca se sabe.
Quiero decir que cuando empieza una historia y esa historia te pasa a ti,
tú no sabes cuándo empieza”.

 

Conocí a Hovik gracias a dos monólogos suyos muy bestias que hizo en Paramount Comedy: “El amor mueve el mundo” y “Croquetas”. Luego supe que además de su faceta de cómico, fue boxeador y que escribe poesía, pero eso fue lo primero y lo único que había visto hasta ayer, que vi otro monólogo, pero éste no era para reírse precisamente. Esta vez él no era el autor, pero el papel al que da vida estaba hecho a su medida. No solamente es un gran tipo físicamente, también es un portento como actor y tiene una estatura enorme como persona, pues tras la función tuve el honor de conocerle y la suerte de celebrar con él, con su equipo y con unos amigos la última función de esta obra que, por los lugares a los que le ha transportado, define como “un viaje”.

Su presencia llena el escenario de la sala negra de los Teatros del Canal. Solo hay un par de muebles y una pared con una ventana de gruesos vidrios tras los que se ve borroso y se proyecta alguna cosa puntual, pero en la obra no hay más artificios que estos, una muy sutil iluminación y una melodía al piano. Está él solo con un abrigo, una dirección sobria y con un texto que es una montaña rusa de emociones. Su presencia también llena el silencio y el espacio entre él y tú cuando, a pocos metros, te mira a los ojos directamente y te habla con esa voz grave y resonante, y con una verdad que estremece. Además, su presencia llena el vacío haciendo que imagines el lugar en el que se encuentra y lo que está recordando y experimentando Wahab, el protagonista de esta historia, que nos lleva por varios momentos de su vida, entremezclando e interactuando con varios personajes.

‘Un obús en el corazón’, dirigida por Santiago Sánchez y producida por la compañía L´Om-imprebis, es un texto de Wajdi Mouawad, el autor de Incendies que Denis Villeneuve llevó al cine y recientemente al teatro por Mario Gas. Un viaje, como dice Hovik, que también hace recorrer al público, sin moverse de la butaca, y que te remueve por dentro. De hecho, aún estoy digiriéndola, pero se adentra en temas como la forma de afrontar el miedo, la enfermedad, la muerte, el duelo, el rencor y el perdón… Todo ello pasando por el vínculo con la propia madre y los recuerdos amargos y dolorosos arraigados a la infancia y a un país en guerra que inevitablemente van configurando la historia personal de nuestra vida y que nos hace conocernos a nosotros mismos y crecer. Wahab va reviviendo escenas que se le quedaron marcadas como heridas sin cicatrizar, y las vive en el presente casi con la misma intensidad de cuando ocurrieron, pero esta vez la distancia y la perspectiva le hacen sacar una conclusión, un aprendizaje. La obra acaba con el actor saliendo de escena y finalmente se apagan las luces. La gente intuye que se ha acabado, pero por unos segundos no pueden moverse, ni tragar saliva, y nadie se arranca a dar el merecido aplauso (nos dejó K.O.). Cuando vuelve Hovik no solo le dan una fuerte y larga ovación, también se ponen en pie ante un actor que lo ha dado todo durante una hora y veinte minutos. Y al salir a la calle seguimos noqueados.

Respecto a la elección del actor, no debió ser por casualidad o simplemente por encajar en el perfil, ya que aparte de su sensibilidad poética y su maestría en el mónologo, de su torrente de personalidad y del contraste que produce su apariencia, sobre las tablas, de fuerza y fragilidad al mismo tiempo, Wajdi Mouawad tiene algo en común muy importante con Hovik; que los dos son de origen libanés y tuvieron que exiliarse cuando eran niños (en el caso de Mouawad, a Canadá). Esta conexión lo hace más intersante aún y le implica más personalmente. Como afirmó el director tras la obra, tuvo que esperar mucho tiempo hasta encontrar al actor ideal para este texto, y de repente apareció.

Hoy sé un poco más de Hovik: que fue Campeón de España de Boxeo en la categoría de pesos pesados, que nació en Beirut y sus padres emigraron a España huyendo de la guerra civil del Líbano, que ha trabajado en varias series de televisión y en cine (la última Assasin´s Creed, con Jeremy Irons, Michael Fassbender y Marion Cotillard) o que ganó el Premio a Mejor Actor Revelación de la Unión de Actores de Madrid y fue nominado al Goya, ambos por su papel en Alacrán enamorado (2013), de Santiago Zannou. Y a pesar de su trayectoria, es ahora cuando empieza a llamarse a sí mismo ‘actor’.

Seguro que todavía me quedan cosas por descubrir, así que a partir de ahora voy a seguirle la pista. Recuerdo que aquellos dos monólogos y su forma de ejecutarlos ya llamaron mi atención, pero después de ‘Un obús en el corazón’, que ha sido su gran debut en el teatro, definitivamente le admiro muchísimo. Y después de haberle conocido en persona, aún más. Hovik es un peso pesado de los monólogos y a partir de ahora, lo que le echen.

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Foto: Jose Orive Drake

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