Édith y su reflejo

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Ya desde el primer segundo, cuando se encienden las luces, puedes sentir la presencia de la actriz encarnando a su personaje a solo unos metros de ti y sabes que vas a presenciar y sentir algo íntimo y especial. Y la intensidad no disminuye durante toda la obra, al contrario, a medida que avanza se va haciendo más potente. Los 80 minutos que dura se pasan volando, pero dan tiempo a transitar por varias emociones, y hay momentos en que, ya sea por la belleza de las metáforas y la atmósfera, o por el significado de la escena, o por las interpretaciones de los actores, que pueden provocar desde escalofríos hasta que se te salte alguna lágrima. Eso fue lo que nos pasó a mi acompañante (mi madre) y a mí, que salimos del teatro totalmente conmovidos.

Dos actrices, un actor y pocos elementos escénicos, pero lo que consiguen, bajo la dirección de Fernando Soto y José Dault, es mágico. Garbiñe Insausti, Lola Casamayor y Alberto Huici están brillantes y es sorprendente la capacidad que tienen para cambiar de registro tan rápido en algunas escenas, y de hacerlo además de forma que te lo crees completamente. En concreto hay dos o tres escenas sobrecogedoras y el final es amargo y hermoso. El papel que interpreta Garbiñe es complejo por el tornado de sentimientos que experimenta su personaje, pero la actriz lo afronta con gran energía y sensibilidad.

La dramaturgia de Ozkar Galán es un interesante ejercicio, pues se inventa un encuentro que no existió en realidad entre dos personajes femeninos (uno de ellos ficticio) con una fuerte personalidad: Camile Schultz, una reportera especializada en fotografiar animales, a la que se le encarga hacer una entrevista a Édith Piaf. La periodista se propone sacar la cara más humana de la cantante y actriz francesa, una artista llena de contradicciones; poderosa y vulnerable, independiente y dependiente al mismo tiempo. Pero los caracteres de ambas chocan en un duelo lleno de ironías que complican y tensan la entrevista en la que se va recordando su duro pasado. Para Camile este será su reportaje más difícil, pues esta vez no tiene que retratar a un animal salvaje, pero si quiere respuestas sinceras tendrá que ganarse al indomable “pequeño gorrión de París” y hacer que se desprenda de su ego, que se quite su máscara de diva. Pero ella no se abre a un extraño tan fácilmente, solo cuando canta y se entrega a su público que ve reflejado al mirarse en el espejo de su camerino. Porque puede que sea importante mantener vivo el mito, pero también sentir ese peso le consume. Por eso, en esta entrevista, Camile tratará de desmitificar a la cantante de ‘La vie en rose’.

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El enfrentamiento ficcionado entre estos dos personajes irá descubriendo momentos de oscuridad y otros luminosos que parten de la realidad. Pero el objetivo no era hacer una imitación fiel de Édith Piaf, pues no es una obra biográfica, aunque al estar inspirada en la vida de la artista te enteras de cosas que son verdad. Gracias a la interpretación, a la sutil caracterización y a la iluminación, sin grandes artificios, consiguen que el público vea a la cantante en el escenario con toda su fuerza y fragilidad. Tampoco es un musical, pero se interpretan canciones en directo que “ponen las neuronas de gallina”.

Taxidermia de un gorrión, producción de la compañía vasca Kulunka Teatro, se puede ver hasta el 5 de febrero en la sala Margarita Xirgu del Teatro Español. Se ve perfectamente desde cualquier butaca y son 18 o 13,50 euros (depende del día) muy bien invertidos. Así que… ¡todos volando al teatro!

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